Cajón 09

Í N D I C E

 

Detalle de un fotograma de la película "Cinema Paradiso"
(Giuseppe Tornatore, 1988)

 



Marca comercial de Metro Goldwyn Mayer


 

 

Una niñez de cine

(Texto: Concha González Colilla)

 

Fotograma de "Cinema Paradiso"
(Giuseppe Tornatore, 1988)


En el Alberche de mi infancia había una gran sala de cine que regentaban Florián y "la Celia", su mujer. Preparada también para representaciones teatrales, contaba con un enorme escenario -con foso y concha para el apuntador- y una pantalla de proyección gigante.

El salón servía para una u otra actividad según las necesidades. Cuando había cine o teatro, las duras butacas de cartón piedra se ordenaban en dos filas a ambos lados de la sala, se alineaban en el perímetro del salón para dejarlo despejado las noches de baile de orquesta o se apilaban a la entrada del salón para colocar interminables filas de mesas en los banquete  de boda.


Cine Delicias (Zaragoza). Foto extraída
del Desván de Rafael Castillejo


El sistema de calefacción era una simple chimenea alojada en un cuarto contiguo cuya salida estaba orientada a la sala de cine y por la que salía, más que calorcillo, una humareda insoportable que nos hacía llorar los ojos y apestar a humo.

Implacable guardiana de la moralidad de los adolescentes, la Celia pasaba a cada rato con la linterna encendida y enfocando a las parejas para que no traspasaran el límite de lo permitido.



Pegado al salón y tan grande como éste, estaba La Pista, nombre que recibía el cine de verano que, bordeado de parterres con pericones y enredaderas, fue nuestro escenario del amor de King Kong y del terror en "La noche de Walpurgis".

En verano teníamos la suerte de poder ver las sesiones de cine desde la terraza de Maite que estaba estratégicamente ubicada y orientada a La Pista. Pero cuando el cine volvía al salón de invierno, yo contaba también con el privilegio de poder ver las películas desde la mismísima sala de proyección, asomada a un ventanuco de 20 cm y sintiendo en mi cogote el soplido de la máquina al pasar la cinta. En esta ocasión, la gran pantalla había recogido también un aspecto de mi vida en el personaje infantil de "Cinema Paradiso" con el que me sentí tan identificada al ver la película.



Fotogramas de "Cinema Paradiso" (Giuseppe Tornatore, 1988)



En mi caso el personaje de Alfredo tenía su equivalente en Florián, otra de mis amistades del mundo adulto. Era el hijo mayor del matrimonio que regentaba el cine y ejercía de proyeccionista. Estaba locamente enamorado de mi prima Olvido y era un joven divertido,  un poco payaso y a mí se me daba un aire a Jerry Lewis.

La casa familiar era diminuta y Florián había montado en el cuarto de proyección un rincón en el que pasar el tiempo fuera del control paterno y sobre todo materno. Lo tenía empapelado con carteles de películas y lo que a mí más me gustaba, las carteleras. Fotogramas en cartón que se colocaban en un tablón a la puerta del cine para que el espectador pudiera tener imágenes fijas de lo que le esperaba en la sala. Una especie de sinopsis y aperitivo de la película. En las paredes del cuarto se mezclaban cientos de imágenes de cientos de filmes y mi deporte favorito era jugar a identificar las películas a las que pertenecía cada fotograma.


Fotograma de "Cinema Paradiso"
(Giuseppe Tornatore, 1988)


Ir al cine los domingos y pagar la entrada, era un lujo que mucha gente no se podía permitir pero había otra alternativa más rudimentaria y mucho más divertida, el cine de los gitanos en la Plaza Gamonal. Venían con la máquina de proyección en una vieja furgoneta, la instalaban frente a una pared blanca que hacía de pantalla y colgaban a ambos lados unos enormes altavoces. Esa era toda la infraestructura necesaria. Cada cual se llevaba el asiento de su casa, una silla, un taburete o una manta vieja para que los niños se sentaran en el suelo. Todo estaba permitido, comer, beber, jugar, hablar, pelearse, reir y sobre todo disfrutar. Casi siempre, en un momento de la proyección, se quemaba la película con el foco de la máquina y era la pausa que aprovechaba la gitana para vender las papeletas del sorteo, unas tiras de papel con diez números correlativos cada una que se vendían a dos pesetas. Una vez repartidas, la gitana anunciaba por megafonía el número premiado... y el afortunado se llevaba como premio una botella de coñac, seguramente el más barato y peor coñac del mercado en esos años.


Fotograma de "Cinema Paradiso" (Giuseppe Tornatore, 1988)


No existía programación cultural ni propaganda previa, sabíamos que había llegado el cine de los gitanos porque el señor recorría el pueblo con la furgoneta y un megáfono vociferando el lugar, la hora y la película... que casi siempre era "Siete winchester para una matanza"... y que él anunciaba empostando la voz al decir que era "proyección en cinemascope".

Esas eran las ofertas cinematográficas que teníamos en mi pueblo en los años sesenta, cuando la gente apenas tenía qué comer y sus habitantes no llegaban al millar. Entonces, casi todos los pueblos tenían su sala de cine que sin duda era un gran lujo, pero tener además donde elegir era toda una suerte.


La primera película estrenada en CinemaScope fue "The Robe" (Henry Koster, 1953),
producida por la 20th Century Fox e interpretada por Richard Burton y Victor Mature



James Stwart en "Flecha Rota" (Delmer Daves, 1950):
una de indios


No deja de ser curioso que a día de hoy, la oferta cultural en los pueblos se haya  empobrecido hasta casi desaparecer. Las salas de cine se convirtieron en horribles bloques de pisos que enterraron bajo su suelo la emoción infantil del comienzo de cada película, cuando se apagaban las luces y se abría la gran ventana al mundo de la fantasía.

 

Fotograma de la película "Los robinsones de los Mares del Sur"
(Ken Annakin, 1960), producida por Walt Disney y
cuyo título original es Swiss Family Robinson


The End





 

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Fotogramas de "Tiempos modernos", "El chico" y "El gran dictador", de Charles Chaplin
(para ver las películas pulsar sobre la correspondiente imagen)


 



Oliver Hardy y Stan Laurel: "El Gordo y el Flaco"

 



Fotograma de "El maquinista de La General",
de Buster Keaton

 

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Groucho Marx en "Los Hermanos Marx en el Oeste",
de Los Hermanos Marx




Una de romanos

(A Joaquín Sabina, autor de la canción)



¿Has visto un ciclo en televisión
del cine en tiempos de Franco?
yo soy aquel chaval que creció
en la fila de los mancos.

 
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Si un dedo acariciaba una pierna,
un cuello, un sujetador,
bramaba la temible linterna
del acomodador.

Ella tenía catorce abriles en canal,
sobre las rodillas rebeca para disimular;
aquel sabor a chocolatina,
piel, saliva y sudor…
la carne de gallina me pone
en el corazón.
-

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En pantalla Dalila cortaba el pelo a cero a Sansón
y en la última fila del cine, con calcetines,
aprendimos tu y yo:

------------------

Juegos de manos a la sombra
de un cine de verano
Juegos de manos… siempre
daban una de romanos.


Era condición esencial
organizar bien el modo
de entrar en la semioscuridad
blanca y negra del No-Do

 
y, mientras en el circo un león
se merendaba a un cristiano,
la nena se dejaba besar (que
no la pille su hermano).
 


Si estrenaban Cleopatra
y pedían el carnet
yo iba con corbata y pomada
que cura el acné

 
hasta que aquella bici de mi niñez
se fue quedando sin frenos
y en la peli que pusieron después
nunca ganaban los buenos.

Y mientras en pantalla
prendía fuego a Roma Nerón,
contra la última valla del cine
y en calcetines
aprendimos tu y yo:

Juegos de manos
a la sombra de un cine de verano
Juegos de manos…
siempre daban una de romanos.

 
Hoy que todos andan
con videos porno-americanos,
para ver contigo me alquilo
una de romanos,
de romanos...
Texto: "Una de romanos" (El hombre del traje gris, 1988)
Joaquín Sabina



A vueltas con el cine

 



 

 
   
   
   
   
   
4  
   
   

 

-------------------------------------Lolita. Adrian Lyne, 1997, -----------

 

 

 

 
   
   
   
   
   
4  
   
   




Cinema Paradiso. Giuseppe Tornatore, 1988

 


 

 

 

 
   
   
   
   
   
4  
   
   

 


Hugo. Martin Scorsese, 2011

 


 

 
   
   
   
   
   
4  
   
   

 


Amélie. Jean-Pierre Jeunet, 2001

 

 



La Rosa Púrpura del Cairo. Woody Allen, 1985

 

 

 

 
   
   
   
   
   
4  
   
   

 


Dans la maison. François Ozon, 2012

 

 

 



 

Í N D I C E


A vueltas con el cine (JRT)
Charles Chaplin y otros: El Gordo y el Flaco, Baster Keaton y Los Hermanos Marx
Una de romanos (Texto: Joaquín Sabina)
Una niñez de cine (Texto: Concha González Colilla)


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