Cajón 11


Í N D I C E

 


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Bolsos-discos. Fotos: Juan Rodríguez de Tembleque, 2012.
Serie El Rastro de Madrid

 


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José Seguiri--------------------José Seguiri


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José Seguiri





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José Seguiri. The Kiss, 2012. Gres policromado.
65x70x24 cm (Fotos: Luis Solance y JRT)

 

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José Seguiri. I never wil ask what is deconstruction, 2013. Gres policromado.
Dimensiones variables. Altura 67 cm (Fotos: Luis Solance y JRT)



José Seguiri en la Galeria de Arte JM, de Málaga, donde se han fotografíado
varias de las obras que se muestran aquí
(Foto: JRT, 2014)


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José Seguiri


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José Seguiri. War games, 2013. Terracota. Obra única. Instalación dimensiones variables.
Altura 41 cm (Fotos: Luis Solance y JRT)



José Seguiri. Night flight, 2012. Terracota
(Foto: JRT, 2014)



José Seguiri. Thousands heads hydra, 2013.
Gres esmaltado y policromado. 12x30 cm

 

Guardé del viento la lámpara en mi manto, y la luz se me apagó. Apreté la flor contra mi corazón, ansioso de cariño, y se me quemó la flor. Apreté el agua porque fuese para mí, y se me secó la fuente. Quise llegar a un son que no alcanzaba mi arpa, y la cuerda se me saltó.

Rabindranath Tagore (fragmento de "El jardinero")

 


 

Libélula---------------------Libélula


50x120x120 cm. Hierro con soldadura eléctrica


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Ángel Arribas Gómez


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Ichnura elegans. 120x30x120 cm. Hierro con soldadura eléctrica.
Ángel Arribas Gómez (Fotos: JRT, 2013)


 



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Mantis. 165x76x170 cm. Hierro con soldadura eléctrica. Ángel Arribas Gómez
(Fotos: JRT, 2013)


 


Banda insonora original


Ella llevaba despierta un buen rato tumbada boca arriba, sin moverse. Eran más de las siete y el despertador no había sonado a la hora habitual. En realidad, nada estaba transcurriendo de forma habitual. No había oído el estruendo puntual del 32 tras recoger a los primeros pasajeros en la parada de enfrente; ni tampoco la meada discontinua y larga del vecino de al lado que tanto le irritaba habitualmente; ni el llanto del bebé de arriba reclamando su primer biberón del día; ni el runrún del tráfico denso ya a esas horas, unas calles más arriba. Nada. El silencio era profundo y frío. Se preguntó entonces si no sería esa la banda insonora de la muerte. No de su muerte, no: sabía que estaba viva pero también era consciente, angustiosa y dolorosamente consciente, de que en ese instante se había muerto el mundo. “La banda insonora de la nada”, volvió a pensar. Se pasó la mano por el brazo izquierdo y comprobó que su piel conservaba el calor de la noche. La detuvo en el pecho y sintió su corazón latir. Quedó inmóvil, tensa y tiesa como una tabla de acero sobre la sábana y, por primera vez desde hacía mucho tiempo, echó de menos la presencia de un ocasional compañero de edredón, una espalda que respirara a su lado para no saberse el único ser vivo en un mundo vacío, para compartir noches de amaneceres muertos. “Esto también va en el paquete de tu Nunca Mais particular, reina, no me vengas ahora con reclamaciones”, se increpó a sí misma.
No estaba muerta, no, pero el mundo, sí. El tiempo seguía pasando en el reloj de su teléfono móvil y eso era lo único que pasaba: el tiempo en el reloj de su teléfono móvil. Petrificada, quiso tranquilizarse pensando que quizá no estaba muerto del todo sino en un coma profundo del que tenía posibilidades de salir. Abandonó entonces su postura de hielo, respiró profundamente, y se arrebujó, dispuesta a relajarse, en un amasijo de acero y algodón. Fue en ese momento cuando las cosas y los seres empezaron a despertarse, a recobrar vida. Primero muy lentamente, desperezándose, estirándose despacio. Luego, tomando poco a poco velocidad hasta alcanzar su ritmo habitual. Al rato, el 32 hizo su parada, la meada del vecino volvió a caer, discontinua y larga, el bebé de arriba rompió a llorar y el runrún del tráfico madrileño llegó hasta sus oídos. Pero ella sabía que durante cinco eternos minutos todo y todos habían muerto. Quizá no había sido la única superviviente a aquella nada general pero, qué más daba, jamás lo sabría porque nunca lo preguntaría.
La banda insonora de la muerte la había dejado tan fría como ella. Salió de la cama y, tratando de despojarse de su cadáver de angustia, llenó la bañera para sumergirse en treinta centímetros de agua hirviendo y  recobrar así el calor que le habían robado. Intento vano: pasó el día entero helada, encogida, taciturna y muda sin poder sacudirse la impresión que la nada había dejado en su cabeza y en su piel.
Esperó a que llegara de nuevo la noche y se acostó tranquila y serena sabiendo que al día siguiente las cosas volverían a ser como siempre: el mundo, tal y como iba, no podía permitirse el lujo de detenerse cinco minutos todas las mañanas. Así, se dejó envolver de nuevo por el calor y el sueño bajo un edredón de nuevo a su medida


Maite Imbernon
(01/12/11)





El empleo. Dirección: Santiago Bou Grasso. Idea: Patricio Plaza




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Leonid Afrémov

 



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Leonid Afrémov

 


Leonid Afrémov.

 

 

 





Í N D I C E


Ángel Arribas Gómez (escultura)
Bolsos-discos (Fotos: JRT)
José Seguiri (pintura y escultura)
Leoniv Afremóv (pintura)
Maite Imbernón (narrativa)
Rabindranath Tagore (poesía)
Santiago Bou y Patricio Plaza
(animación)


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