Cajón 14

Í N D I C E



La tentación de rojo. Óleo sobre lienzo
160x120. José Mª Córdoba
   


El circo del arte. Óleo y acrílico sobre lienzo
160x130 cm. José Mª Córdoba


El bar de los alegres. Óleo sobre lienzo
160x130 cm. José Mª Córdoba
   


El bar de los tristes. Óleo sobre lienzo
160x130 cm. José Mª Córdoba


Viajero. Óleo sobre lienzo y acrílico
160x130 cm. José Mª Córdoba
 

El pez grande se come al chico. Óleo y acrílico sobre lienzo
160x130 cm (abajo, detalles). José Mª Córdoba


José Mª Córdoba------------José Mª Córdoba

(Fotos: JRT, 2014)


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José María Córdoba

 

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José María Córdoba------ ------José María Córdoba

 


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José María Córdoba

 


 


Jose María Córdoba

 


La maldición de Babel comienza cada día con mis propias palabras, no las entiendo: salen nerviosas, tropezándose entre sí, infantiles. Y si tengo la mala suerte de escucharme en alguna grabación aún es peor, me son totalmente ajenas, como si fueran una especie de segunda persona. Es terrible, sobre todo desde que me hicieron ver el por qué. Un tipo a quien conté esto una noche me pidió cinco adjetivos que calificaran mis palabras. Nerviosas, inseguras, aceleradas, adolescentes y vacías, dije yo. Entonces los utilizó contra mí, diciéndome que era justo como yo me veía: nervioso, inseguro, acelerado, adolescente y vacío. Ese es mi Babel. Creerme ajeno a mí mismo, y acusar a mis palabras por ello.

Mucho tiempo después, Teseo, solo, regresó al laberinto donde un día consiguiera ser un héroe. Recorrió sus muros, hasta que al pasar una encrucijada, una risa le detuvo. Giró a tiempo de ver desaparecer una túnica femenina. ¡Ariadna! Se conjuró no volver a perderla. Persiguió su sombra, probó atajos, pero no la alcanzó. Pensó que habría escapado del laberinto, y cayó exhausto en un claro. Después le despertó la misma risa. Venía de todas partes. Esta vez no la siguió. Se dirigió hacia la salida, que tapió con piedras y selló dejando seco el barro al sol. Fue de vuelta al claro cuando la vio, más bella que nunca. Pero entonces Ariadna, de forma inesperada, desplegó dos grandes alas. Ella le dijo desde el aire que siempre supo volar. El se quedó pegado al suelo, encerrado.

Mi padre me pidió como último deseo volver a ver Ituina. Poco podía ver ya pues apenas veía sombras, pero yo alquilé una avioneta. Le dije que atravesaríamos el océano para sobrevolar su pueblo natal. Nunca olvidaré el momento en que le anuncié que aquéllas luces eran Ituina. Su mirada era la misma con la que un día antes le había sorprendido ante un papel viejo; aquel papel en el que escribí yo de niño mi primer cuentito. No importaba que ya no lo pudiera leer, tampoco que aquellas luces no fueran Ituina. Lo importante es que mi padre bajó del avión habiendo cumplido hasta su último deseo.


"Mi Babel", "La estela del ovillo" e "Ituina".
Ricardo Guadalupe



 

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Rafael Alvarado

 





Rafael Alvarado--------------Rafael Alvarado



 


 


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Rafael Alvarado

 


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Rafael Alvarado

 

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Rafael Alvarado



 

 


Rafael Alvarado

 


Rafael Alvarado



 

 


Rafael Alvarado



Flaca,
no me claves tus puñales
por la espalda tan profundo;
no me duele, no me hacen mal
(Andrés Calamaro)
***


Tengo,  con todo, un cementerio mío, personal. Yo lo construí y lo inauguré hace unos años, cuando la vida hizo madurar mis sentimientos. En él entierro a quienes maté, es decir a aquellos que para mí han dejado de existir, a aquellos que murieron; los que un día tuvieron mi estima y la han perdido.

Cuando alguien rebasa todo límite y me ofende, no me enfado yo con él, no me enojo ni me pongo furioso, no me peleo, no corto mi relación, no le niego el saludo.  Lo entierro en la fosa común de mi cementerio -en él no existen panteones familiares, tumbas individuales, los muertos yacen en la fosa común, en la promiscuidad de la vileza, de la maldad-. Para mí, aquel fulano se ha muerto, ha sido enterrado, haga lo que haga, ya no puede molestarme más.

Son raros estos entierros -¡menos mal!-.  Sólo a veces un pérfido, un perjuro, un desleal, alguien que ha faltado a la amistad, que ha traicionado al amor, alguien que fue excesivamente interesado, falso, hipócrita, soberbio -la impostura y la presunción me ofenden fácilmente-. En el pequeño y deslucido cementerio, sin flores, sin lágrimas, sin sombra de añoranza, se pudren unos cuantos sujetos, unas cuantas mujeres.  A unos y a otras los he barrido de la memoria, les he retirado la vida.

Encuentro en la calle a uno de ésos fantasmas, me paro a conversar, escucho, correspondo a las frases, a los saludos, a los elogios, acepto el abrazo, el beso fraternal de Judas. Sigo adelante. Él piensa que me ha engañado una vez más, y no sabe que está muerto y enterrado.

Jorge Amado


 

 

A l v a r o r t e g a------------A l v a r o r t e g a

 



Imagine all the people living life in peace....



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A l v a r o r t e ga




A l v a r o r t e g a

 

 


Obla-di, obla-da, qué más da, es igual, nada va a cambiar



A l v a r o r t e g a

 






A l v a r o r t e g a

 


Dear Prudence. Ilustraciones y animación Alvarortega.
Música interpretada por Los Escarabajos

 





A l v a r o r t e g a



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Esto es un homenaje a los Beatles a partir de la obra del ilustrador Alvarortega
Varias de las imágenes son fotogramas, algunos recortados, de sus vídeos






A l v a r o r t e g a

 


NO TE AMO.

Lo dijo lentamente, deteniéndose en cada palabra.

Sonaba firme y rotundo, lejano y distante. Sonaba radiofónico.

NO TE AMO dijo, destruyendo en un par de segundos todo mi mundo.

Me giré buscando los últimos indicios de su perfume en el aire olvidando por un instante las palabras pronunciadas, mientras a lo lejos el contestador automático rompía con abrumadora insolencia mi silencio, repitiendo una y otra vez aquel NO TE AMO, NO TE AMO, NO TE AMO, NO TE AMO, NO TE AMO, NO TE AMO…

NO TE AMO. Marta B. de Campoamor Aller
(28 de Diciembre de 2011)

 


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Kees Van Dongen
Kees Van Dongen


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Kees Van Dongen-------------------------------Kees Van Dongen

 

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Kees Van Dongen-------- --------Kees Van Dongen

 

 

 

JULIA

Las 11:30 de la mañana y el termómetro de la farmacia ya anticipaba que esta sería una jornada más de sofocante calor. Era sábado y las terrazas de la plaza de Santa Ana estaban en plena ebullición. Deliciosos cruasanes aderezados con leche merengada y tostas con crema de queso y arándanos se exhibían sobre las bandejas de los ágiles camareros de la cafetería La Suiza, haciendo las delicias de sus clientes. Delirantes y empalagosas caricias azucaradas, que invitaban a los transeúntes a sentarse en la terraza del café.
Julia estaba en una aquellas mesas cuando sonó el teléfono. Humedeció los labios con la punta de la lengua recuperando el regusto a zumo de naranja y respondió. El sol azotaba con fuerza, lubricando los engranajes de una ciudad recién levantada. Persianas bajadas con resaca de Gin-tonic, dejaban paso a nuevos despertares con sabor a fruta de temporada, rebajas y pescado fresco del día.

Tras anotar algo en una servilleta, colgó el teléfono dejando escapar un imperceptible amargo suspiro, que durante apenas unos segundos, pareció romper la armonía de aquel agradable lugar. Absorta en sus propios pensamientos, observaba anhelante el ir y venir de los huéspedes del hotel Reina Victoria, apenas unos pasos más allá. Elegantes mujeres que se apeaban en la puerta del hotel, donde el botones de turno esperaba indicaciones sobre interminables equipajes. Llegaban a Madrid procedentes de todo el mundo, en busca de exquisitas experiencias en los lugares de moda de la metrópoli. Con solo pisar el suelo de la capital se abrían para ellas las puertas de las azoteas y de los casinos. Los mejores restaurantes y salas de fiesta, de la mano de adinerados embajadores, empresarios de éxito, príncipes, presidentes o magnates del petróleo.

A la mesa de Julia llegaban inconfundibles los aires de toda aquella grandeza, que se mezclaban con el aroma del café recién hecho y los calores del verano, atrapada en una realidad demasiado alejada de lo que se respiraba en las aceras del Hotel Reina Victoria.

Vestía pantalón rosa fucsia ceñido al cuerpo y blusa blanca de organdí semitransparente, que se deslizaba sobre su piel con cada pequeño movimiento. La velada tristeza de su rostro, junto con una pizca de ingenuidad y frescura, daba como resultado algo más que una cara bonita. Una belleza tan natural como sutil, que dulcificaba la desfachatez de sus curvas y la desvergüenza de su escote. Poco quedaba para la imaginación, cuando uno reparaba en aquellos pechos infantiles e insolentes, que ofrecía con desparpajo a todo el que osaba mirarla.

- Apúntamelo en la cuenta, dijo mientras se levantaba.

Se alejó de la plaza correteando, a pesar de los vertiginosos tacones. Llevaba un diminuto bolso de cuero negro con el que jugueteaba y del que sacó el teléfono móvil para mirar la hora. Parecía llevar prisa. Por el camino mordisqueó un puñado de gominolas. Aquel cuerpo, esbelto y proporcionado, femenino y provocador al mismo tiempo, se movía con desenfado y sin disimulo, embelesando a cuantos se cruzaban en su camino.

En apenas unos minutos estaba en la calle San Marcos girando a la derecha por Libertad. Se detuvo a comprobar el número del portal. El 258 debía estar en la otra acera. Cruzó el semáforo y siguió adelante sin disminuir el ritmo.

Divisaba el 258 cuando el teléfono sonó de nuevo
- Siiiiiii, sí. Ya estoy llegando -dijo irritada-.

Sin apurarse demasiado, saco del bolso un minúsculo espejo y un gloss de color rojo con el que se retocó los labios. Retiró la pinza que le sujetaba el pelo en la nuca, y con un movimiento de cabeza dejó que la melena recuperara su volumen natural.

Solo entonces se decidió a atravesar el enorme portalón de madera que franqueaba la entrada del portal.

Apenas una hora después, el sonido de la cremallera del pantalón, pareció rasgar la densidad de aquella habitación de sábanas desordenadas. Se abrocho la blusa blanca de organdí semitransparente y se calzó los zapatos. Mientras terminaba de recoger sus cosas le sobrevino una desagradable arcada. Tragó saliva y continuó.

Sobre la cama un puñado de billetes de cincuenta y en los labios el sabor salado de sus propias lágrimas.

Marta B. de Campoamor Aller
(10 de Julio de 2013)




Kees Van Dongen

 



 





Í N D I C E


Alvarortega (ilustración)
Jorge Amado (narrativa)
José María Córdoba (pintura)
Kees Van Dongen (pintura)
Marta Belén de Campoamor (narrativa: No te amo + Julia)
Rafael Alvarado (pintura)
Ricardo Guadalupe (narrativa)


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